Stampa OUT

El tic del corazon

articolo di Meri Lao apparso sulla rivista digitale Hontanar Digital dell'ottobre 2005


Podría hacer un recuento interminable de las veces en que la palabra corazón se fue instalando en mi memoria. Primero entró subliminalmente con los poetas que sigo amando y rumiando aún hoy con la caterva de años que han pasado. Verlaine y su refinado juego de vocales: Les sanglots longs des violons de l'automne blessent mon coeur d'une langueur monotone (Los sollozos largos de los violines del otoño hieren mi corazón con monótona languidez). Vallejo, inventando el vocativo más íntimo, el tú que coincide con el yo: Esta tarde llueve como nunca, y no tengo ganas de vivir, corazón. Neruda, imperioso y de rodillas, en busca de una respuesta: Si solamente me tocaras el corazón... si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando, sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño... como un caracol agrio... como sirena de barco roto...
Me atrevería a decir que la palabra corazón fue mermando en la poesía para fijar su residencia en la canción. Eso sucedió en todas partes, durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales. En América Latina, con el tango-canción que, dejando a un lado el lunfardo y otros localismos rioplatenses, se proyectaba a través de la radio y el cine a todo el continente.
Y ahí empecé a tenerle tirria a esa palabra. Empezó a sonarme pretérita, adocenada, irremediablemente cursi. Pero, como todo lo que molesta, se me quedó grabada, contragusto. Para exorcizarla, vayan pues estas consideraciones sueltas.
El tango alberga un corazón compulsivo, una suerte de tic que generalmente remacha la estrofa, y que yo llamaría corazón de cajón. Recordemos los más célebres. "Mano a mano" (Flores- Gardel-Razzano, 1920), incurre dos veces; la primera: La milonga entre manates (sic, no confundir con magnates) con sus locas tentaciones se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón, y la segunda: Y mañana cuando seas descolado mueble viejo y no tengas esperanzas en el pobre corazón. "Cuesta abajo" (Gardel- Le Pera, 1934) dice, contradiciéndose: Era para mí la vida entera / como un sol de primavera/ mi esperanza y mi pasión. / Sabía, que en el mundo no cabía / toda la humilde alegría / de mi pobre corazón. El inconmensurable "Volver" (Gardel-Le Pera, 1934), después de reflexionar sobre la caducidad de la vida y la irreversibilidad del tiempo con los versos que todos recordamos, corta por el atajo convencional: guardo escondida una esperanza humilde / que es toda la fortuna de mi corazón. Otras veces el corazón se presenta amalgamado al contexto. Brutal, el homicida de "A la luz del candil" (J. Navarrine-Geroni Flores, 1927) se refiere al músculo torácico hueco: Las pruebas de la infamia / las traigo en la maleta: / las trenzas de mi china / y el corazón de él. "Dónde estás, corazón" (L. Martínez Serrano- A.P. Berto, 1927) se pregunta, incrédulo: ¿Dónde estás, corazón, que no oigo tu palpitar? Es tan grande el dolor que no puedo llorar. "Misa de once" (A. Taggini-J. Guichandut, 1929) se autoacusa: Eché a rodar por el mundo / mi afán de glorias y besos, / y sólo traigo, al regreso, / cansancio en el corazón. "Acquaforte" (Marambio Catán-Pettorossi, 1930) sentencia: Cuarenta años de vida me encadenan, / blanca la testa, viejo el corazón. "Como abrazao a un rencor" (A. Podestá-R. Rossi, 1930) se prepara a morir: Esta noche para siempre terminaron mis hazañas / un chamuyo misterioso me acorrala el corazón. "Soledad" (Gardel- Le Pera, 1934) deplora: ...y que al desvanecerse va dejando su visión, / cenizas en mi corazón. "Sus ojos se cerraron" (Gardel- Le Pera, 1935) se niega al abandono definitivo: Todo es mentira, mentira es el lamento, / ¡hoy está solo mi corazón!
Los tangos aludidos pertenecen al repertorio de Carlos Gardel, quien, hay que reconocerlo, los supo interpretar con tal pericia, redondeando el fraseo, calibrando el matiz de los sustantivos y adjetivos, ensimismándose en la situación dramática pero sin énfasis, que toda vez que pronuncia la palabra corazón parece ser la primera, y dan ganas de pedirle que haga bis...
Ya sin la hegemonía del cantor y del divo cinematográfico, en la década del cuarenta se asiste a la conjunción perfecta entre las distintas componentes del tango: letra, música, orquesta, arreglos, baile, y corazones, por supuesto, aunque más inusitados.
Mencionemos, también aquí, los más famosos. "Nostalgias" (E.Cadícamo - J.C.Cobián): Quiero emborrachar mi corazón/ para apagar un loco amor/ que más que amor es un sufrir. "Uno" (Discépolo-Mores, 1941): Si yo tuviera el corazón, el corazón que di... "Maquillaje" (Homero y Virgilio Expósito, 1943): Te maquillaste el corazón, / mentira sin piedad, qué lástima de amor! "Garúa" (Cadícamo-Troilo, 1943):... y yo en las sombras camino muy lento, / mientras tanto la garúa se acentúa con sus púas en mi corazón. "Cristal" (J.M.Contursi-M.Mores, 1944): Tengo el corazón hecho pedazos / rota mi emoción en este día... Más frágil que el cristal fue mi amor junto a ti / cristal tu corazón, tu mirar, tu reir... "Che bandoneón" (Manzi-Troilo, 1947) No ves que está de olvido el corazón / y ella vuelve, noche a noche, como un canto.
Mientras tanto se produce la avanzada masiva del bolero y otras canciones latinas, cuyos ritmos, giros melódicos, instrumentos, interpretación, pasos de danza se distinguen claramente del tango. Tan es así que en los salones se acostumbraba alternar la "orquesta típica", dedicada al género rioplatense, con "la característica", que ejecutaba boleros, rumbas, congas, mambos, rancheras, cha-cha-chás, y/o "la de jazz".(1) También las letras son diferentes: de espaldas a lo meditabundo existencial, se concentran en lo romántico. Términos que no aparecían en el tango, como beso, embeleso, deleite, delicia, caricia, maravilloso, divino, torbellino, delirio, hechizo, arrebol, armonía, alma y desvelo, constituyen la nueva urdimbre del discurso amoroso. Que Barthes me perdone por la simplificación, pero el corazón, muy campante, invicto, atraviesa los estilos más dispares, inclusive los hits internacionales. "La flor del palmar" (Alba Picas-J.Fernández Blanco): Si un marino gentil / te robó el corazón, / para verte feliz / yo del mío haré dos, si me dices que sí. "Corazón" (E. Sánchez de Fuentes, 1920): Corazón que olvidaste mi consejo, / sufrir más ya no te dejo / si la dicha no concibes... / serás mártir de tus penas / pues vivir entre cadenas, /corazón, como tú vives / no es vivir. "Tuyo es mi corazón" - Maria Elena you (L. Barcelata, 1932): Tuyo es mi corazón,/ oh sol de mi querer, / mujer de mi ilusión/ mi amor te consagré. "María la O" (E. Lecuona, 1935): Su amor ya se fue de mi corazón / que hoy ya le aborrece, porque mi pasión, / que hirió su traición, / ya tan sólo es / sed de verle al fin tendido a mis pies. "Santa" (A.Lara, 1937): Santa, sé mi guía / y alumbra con tu luz mi corazón. "Noche de ronda" (A.Lara, 1937): .qué triste cruzas por mi balcón. / Noche de ronda, / cómo me hieres, / cómo lastimas mi corazón. "Ahora que eres mía" (Ernestina Lecuona, 1935 ca.): Ahora que eres mía puedo enseñarte / de par en par abierto mi corazón, / asómate a sus puertas, contempla dentro, / verás que es todo tuyo, todo su amor. "Perfidia" (Alberto Domínguez, 1939): Y el mar, espejo de mi corazón, / las veces que me ha visto llorar / la perfidia de tu amor. "Frenesí" (A.Domínguez, 1939): Hay en el beso que te di / alma, piedad, corazón, / dime que sabes tú sentir / lo mismo que siento yo. "Infortunio" (Don Fabián, 1940): ...saber que ya la muerte / anidó en mi corazón, / pensar que te amo tanto / que si otra vida tengo, / esa vida será para volverte a amar. "Siempre en mi corazón"- You are always in my heart (E. Lecuona, 1942): Estás en mi corazón / aunque estoy lejos de ti / y es el tormento mayor / esta fatal separación. "Corazón para qué" (A. Oréfiche, 1943): Corazón / ¿para qué se dio la noche a cantar / y suspiran los jardines en flor / y la luna se desnuda en el mar? "Dos gardenias" (Isolina Carrillo, 1949): Con ellas quiero decir / te quiero, te adoro, mi vida, / ponle toda tu atención, / porque son tu corazón y el mío. "Dueña de mi corazón" (Pepe Delgado): ...pero en el dolor de mi amargura / tú serás la dueña de mi corazón. / Por qué negar que nos amamos/ de corazón a corazón / si amar siempre nos juramos. "Inmensa melodía" (Tania Castellanos): Con infinita alegrí me embarga la seducción / de una interior melodía / que canta mi corazón. "Tu voz" (R.Cabrera, 1952): No sé qué tiene tu voz tan divina / que en mágico vuelo / le trae consuelo a mi corazón. "Me miras tiernamente" (L.Yáñez-R.Gómez): Callado entre las gentes mis besos te reclaman / con la fuerza tan inefable que hay en mi corazón. "Porque tú me acostumbraste" (F. Domínguez, 1955): Sutil llegaste a mí / como la tentación, / llenando de inquietud mi corazón. "Nuestra canción" (C. Portillo de la Luz, 1958): Una nueva emoción / vibra en mi corazón / en el mundo no hay nadie / más dichoso que yo. "Arráncame la vida" (bolero del tanguista argentino Chico Novarro, 1991): Arráncame la vida de un tirón / que el corazón ya te lo he dado, / apaga uno por uno sus latidos, / pero no me lleves camino del olvido.
"La era está pariendo un corazón", de Silvio Rodríguez, salió a fines de los sesenta. En ese entonces yo estaba viviendo en Cuba y, hablando con la gente, me salió un cuestionario absolutamente casual que revelaba, y no es chiste, que entre los menores de quince años todos sabían el significado del verbo parir, todos entendían que el vocablo corazón estaba empleado en sentido figurado, pudiendo ser sustituido por niño o hijo; lo único que les dejaba azorados era la Era.
El corazón no soporta el papel impreso: se le verían las hilachas de tan gastado que está. Prefiere cobijarse en la canción, pues la música tiene el poder de moldear y suavizar, actúa como un cosmético o un salvoconducto para cualquier texto, máxime si es buena, como en la generalidad de estos casos. Pero cuando sale de ahí para meterse como un sonsonete en la prosa mediática de locutores, autores de radionovelas y telenovelas con escasas lecturas formativas y muchas ínfulas literarias, sólo lo sostiene la inercia de los lugares comunes. Lamentablemente, en todo el mundo se cuecen corazones. Tengo delante de mí un periódico italiano con la reseña del concierto de un guitarrista; la firma es de un novato, que ya en el título quiso sintetizar la profundidad crítica del artículo: "Un disco tocado con el corazón". Es como para descorazonarse.

Roma, 2005